Que un gato deje de comer nunca debería pasarnos desapercibido. A veces pensamos que simplemente está caprichoso, que se ha cansado de su comida o que ya comerá cuando tenga hambre. Sin embargo, en los gatos una disminución importante del apetito puede ser uno de los primeros signos de enfermedad y, si se prolonga, puede convertirse además en un problema por sí misma.
Por eso, cuando un gato deja de comer, lo importante no es únicamente conseguir que vuelva a hacerlo, sino averiguar por qué ha perdido el apetito.
¿Cuánto tiempo puede estar un gato sin comer?
No es conveniente esperar varios días para consultar.
Si nuestro gato rechaza por completo la comida durante 24 horas, especialmente si normalmente tiene buen apetito, es recomendable que sea valorado por un veterinario. Incluso antes si, además de no comer, está decaído, vomita, tiene diarrea, fiebre, dificultad para respirar, dolor o presenta cualquier otro cambio de comportamiento.
En gatitos, gatos de edad avanzada o animales que padecen alguna enfermedad previa, la valoración debe ser todavía más precoz.
También debemos prestar atención a los gatos que no han dejado de comer completamente, pero comen mucho menos de lo habitual durante varios días. Esa disminución del apetito también puede ser clínicamente importante.
¿Por qué puede dejar de comer un gato?
La falta de apetito no es una enfermedad en sí misma, sino un síntoma que puede aparecer asociado a problemas muy diferentes.
Entre las causas más frecuentes encontramos:
- Enfermedades digestivas, gastritis, enteritis o pancreatitis.
- Náuseas y vómitos.
- Enfermedad renal.
- Enfermedades hepáticas.
- Fiebre e infecciones.
- Dolor, independientemente de su origen.
- Problemas dentales, gingivitis o lesiones en la boca.
- Estreñimiento.
- Ingestión de cuerpos extraños.
- Enfermedades respiratorias que dificultan que el gato pueda oler el alimento.
- Enfermedades endocrinas o metabólicas.
- Intoxicaciones.
- Tumores.
- Estrés o cambios importantes en su entorno.
En ocasiones el propietario nos dice: «Se acerca al plato, parece que quiere comer, pero finalmente se va». Este comportamiento es especialmente interesante porque puede indicar náuseas, dolor oral, dificultad para tragar o malestar digestivo.
El gato que vomita y deja de comer
Cuando la falta de apetito se acompaña de vómitos, conviene no intentar solucionar el problema simplemente cambiando de alimento.
Un vómito aislado puede no tener importancia, pero los vómitos repetidos, especialmente si el gato deja de comer, pueden producir deshidratación y alteraciones electrolíticas y pueden ser consecuencia de enfermedades que requieren tratamiento.
También es importante recordar que no todos los vómitos de los gatos son consecuencia de las bolas de pelo. Normalizar que un gato vomite con frecuencia puede retrasar el diagnóstico de una enfermedad digestiva o sistémica.
¿Por qué es especialmente importante que un gato no pase demasiado tiempo sin comer?
El metabolismo del gato tiene algunas particularidades que hacen que los periodos prolongados de ayuno sean especialmente preocupantes.
Una de las complicaciones que puede aparecer es la lipidosis hepática felina, una acumulación excesiva de grasa en el hígado que altera seriamente su funcionamiento.
El riesgo es especialmente importante en gatos con sobrepeso que dejan de comer de forma brusca.
Por tanto, conseguir un aporte nutricional adecuado forma parte del tratamiento, pero siempre debe hacerse al mismo tiempo que investigamos y tratamos la causa que ha provocado la anorexia.
¿Qué hacemos en la clínica cuando un gato no come?
Dependerá de la edad del animal, sus antecedentes y los síntomas que presente.
La exploración clínica es el primer paso: temperatura, hidratación, boca y dientes, palpación abdominal, auscultación cardiaca y pulmonar, peso y estado general pueden proporcionarnos mucha información.
Según cada caso puede ser necesario realizar:
- Análisis de sangre y orina.
- Radiografías.
- Ecografía abdominal.
- Pruebas específicas para determinadas enfermedades infecciosas.
- Otras pruebas complementarias en función de los hallazgos.
Mientras buscamos la causa, puede ser necesario administrar fluidoterapia, medicación contra las náuseas y los vómitos, analgesia, estimulantes del apetito o soporte nutricional.
No todos los gatos que dejan de comer necesitan las mismas pruebas ni el mismo tratamiento.
¿Debemos obligarle a comer?
Depende del caso.
Ofrecer pequeñas cantidades de alimento húmedo, ligeramente templado y muy palatable puede ayudar. Calentarlo un poco aumenta su olor y puede hacerlo más atractivo.
Sin embargo, forzar repetidamente a un gato con náuseas a comer puede resultar contraproducente y provocar que desarrolle todavía más rechazo hacia el alimento. Además, en determinadas circunstancias existe riesgo de aspiración del alimento hacia las vías respiratorias.
Si el gato no consigue alimentarse adecuadamente, existen distintas formas de proporcionar soporte nutricional y será el veterinario quien valore cuál es la más apropiada.
Señales que indican que no debemos esperar
Además de la ausencia completa de apetito durante aproximadamente 24 horas, conviene consultar cuanto antes si observamos:
- Vómitos repetidos.
- Decaimiento importante o tendencia a esconderse.
- Dificultad para respirar o respiración más rápida de lo habitual.
- Dolor abdominal.
- Fiebre.
- Diarrea intensa.
- Salivación excesiva o dificultad para tragar.
- Color amarillento en ojos, encías o piel.
- Ausencia de orina o dificultad para orinar.
- Pérdida evidente de peso.
- Sospecha de haber ingerido un objeto, una planta, un medicamento o alguna sustancia tóxica.
Observar los cambios es fundamental
Los gatos tienen una extraordinaria capacidad para ocultar que se encuentran mal. Muchas veces el primer signo de enfermedad no es espectacular: simplemente duerme algo más, deja parte de la comida, se esconde o ya no viene a recibirnos como hacía habitualmente.
Conocer sus rutinas nos permite detectar estos pequeños cambios.
Si tu gato ha dejado de comer o ha reducido notablemente su alimentación, no esperes varios días pensando que terminará comiendo cuando tenga hambre. Una exploración a tiempo puede permitirnos descubrir el problema en sus primeras fases y evitar complicaciones.
Dra. Lina Sáez de Antoni
Veterinaria – Colegiada nº 1498
Clínica Veterinaria Colores
Arganzuela – Madrid
