Clinica Veterinaria Colores

Paseo de Santa María de la Cabeza, 68A – 914 730 359 28045-Madrid

Cuidados del perro mayor

Por desgracia, la longevidad del perro no es muy larga con respecto a otros mamíferos, y en especial con respecto a la especie que los atiende y cuida, es decir, la humana. El tiempo no pasa en balde, y llegará un momento en que nuestros compañeros, empezarán a presentar los “achaques” lógicos, que son consecuencia del desgaste orgánico. Nos encontraremos entonces con algunas enfermedades que tomarán lo que llamamos un carácter crónico, y que, aunque en muchas ocasiones no van a provocar la muerte del perro, si hará necesario su correcto diagnóstico y su adecuado tratamiento, para evitar un desenlace fatal antes de tiempo.

Pero, ¿cuándo podemos considerar que un perro es viejo? Generalizando, podríamos decir que a partir de los 8 años, pero esta consideración no me parece demasiado adecuada, ya que muchos perros a esa edad, habrán recorrido únicamente la mitad de su vida.

Podemos decir que la alzada es un parámetro sumamente importante para pronosticar la edad a la que probablemente morirá nuestro perro. Sabemos a ciencia cierta que, un perro de pequeño tamaño, vivirá más que uno mediano, y éstos a su vez más que los grandes o gigantes, pero no debemos olvidarnos de cuestiones tan importantes como la raza, en caso de que la tengan, la alimentación recibida a lo largo de su vida, las enfermedades que hayan padecido, los tratamientos que se les haya dispensado para tratarlas, y los cuidados que se les haya suministrado por parte de sus propietarios.

En muchos libros de divulgación, aparecen unas tablas de correspondencia de edades, que sirven para trasformar la edad del perro con respecto a la nuestra. Antes, se decía que 7 años de vida de un perro, correspondían a 1 año de vida de un humano, pero esto, no es cierto. Por lo general los perros al cumplir el año, han alcanzado la madurez sexual, y en muchos casos están completamente desarrollados.

Si hacemos un repaso a los problemas orgánicos que pueden afectar al perro “entrado en años”, y empezamos por los ojos, podemos referirnos a las CATARATAS, que son ni más ni menos que la opacificación del cristalino, que llevará a lo que se conoce como “nictalopatía”, que es la dificultad para ver en condiciones de escasez lumínica. Tradicionalmente, las cataratas se han reconocido como “inmaduras”, si sólo está afectado parte de el cristalino, “maduras”, si todo el cristalino es opaco, e “hipermaduras” si ha ocurrido la licuefacción lenticular. Si las cataratas ocupan menos del 30% del cristalino, o si afectan a un sólo ojo, muchas veces pasarán inadvertidas. Las que ocupan más del 60% del cristalino, por lo usual, son reconocibles. La “turbidez” antes de que se presente el deterioro visual, es una esclerosis más que una catarata. Por supuesto nos estamos refiriendo a lo que se conoce como cataratas espontáneas, que son las que se presentan con la edad, y no a aquellas que presentan un carácter congénito, o las que presentan los perros con diabetes mellitus o las que presentan en enfermedades capaces de provocar hipocalcemia. El tratamiento de elección, una vez hecho un profundo estudio del ojo, es la cirugía, que da excelentes resultados en el 90% de los casos. Las gotas antioxidantes/antiglicación han sido recientemente comercializadas afirmando que su aplicación tópica reduce la opacificación del cristalino en perros. Aunque no se han hecho estudios bien controlados, los informes preliminares de oftalmólogos veterinarios no apoyan tal afirmación sobre su eficacia.
Es importante saber que una vez desarrollada la catarata, su velocidad de progresión varía, según su localización dentro del cristalino y la edad del paciente. En ocasiones se pueden presentar como complicaciones: uveitis, glaucoma, y desprendimiento de retina.

La cavidad bucal es otra de las zonas que se puede ver más afectada con el paso de los años. Es conveniente aprovechar las visitas de rutina al veterinario, para que éste valore su estado, y sugiera, si es necesario, los tratamientos adecuados, que en la mayoría de las ocasiones pasarán por una profunda limpieza dental, y la instauración de una serie de pautas de obligado cumplimiento por parte del propietario. No debemos olvidar que en algunos casos, un mal estado de la boca, puede conducir a serios problemas cardiacos, en especial en aquellos perros que ya presentan alguna patología en este músculo fundamental para la vida. Una de los problemas más frecuentes, si es que no se han seguido las indicaciones del veterinario, serán las fístulas oronasales, las infecciones, la periodontitis, y las pérdidas de piezas dentales.

Con respecto al corazón, es muy frecuente que cuando vuestro perro haya cumplido determinados años, empiece a manifestar cierta fatiga después de esfuerzos de los que antes se recuperaba con suma rapidez. Evidentemente esta circunstancia puede ser achacable a la edad, o a determinados problemas osteoarticulares a los que nos referiremos luego, pero, si este cansancio va a acompañado de un sonido unas veces seco y otras húmedo, que sale de su garganta, es recomendable una visita al veterinario. En muchos casos, la tos, se hará más evidente por la noche. Si aparecen los síntomas descritos, es más que probable que vuestro perro tenga una INSUFICIENCIA CARDIACA CONGESTIVA.
En estos casos, el corazón tendrá dificultades para impulsar la sangre en cantidades suficientes para satisfacer las necesidades metabólicas del paciente o para impedir que la sangre se acumule dentro de la circulación venosa sistémica. Debido a esta dificultad, todos los sistemas orgánicos pueden verse afectados por la escasa oferta de sangre o los efectos de la congestión pasiva por el encharcamiento de sangre venosa. Las consecuencias más graves que se pueden presentar son: efusión pleural, ascitis, edema periférico, o edema de pulmón.
Cuando examinamos un perro con ICC en la clínica, nos solemos encontrar con un soplo cardiaco audible por auscultación, y con un aumento del tamaño del corazón, ya sea del lado derecho o del lado izquierdo, por afectación de las válvulas cardiacas mitral o tricúspide, y dilatación de los grandes vasos de la cavidad torácica. El electrocardiagrama es frecuente que presente alteraciones, al igual que si medimos la presión arterial. También se harán evidentes en muchos casos, alteraciones del ritmo cardiaco.
El tratamiento dependerá del grado de afectación cardiaca, ya que en procesos incipientes, bastará con la utilización de un vasodilatador por vía oral, es decir un IECA. En otras ocasiones, se hará necesario el uso de: diuréticos, digoxina, venodilatadores, antiarrítmicos, agentes inotrópicos positivos, dilatadores arteriolares, bloqueantes de los canales del calcio, y beta bloqueantes.
El tratar con prontitud estos problemas, va a garantizar en la mayoría de las ocasiones, que el perro pueda vivir años sin demasiados problemas, pero la dejadez, hará que se presenten graves complicaciones que podrán acabar con su vida en un lapso corto de tiempo.

Entre los problemas endocrinos que nos podemos encontrar en los perros geriátricos, el más frecuente es la DIABETES MELLITUS, que es ni más ni menos que, un disturbio metabólico de carbohidratos, grasas, y proteínas causado por la deficiencia de insulina absoluta o relativa. Las consecuencias lógicas de este proceso serán: hiperglucemia (aumento del azúcar en sangre), glucosuria (presencia de glucosa en la orina), y presencia de polidipsia (aumento de la ingestión de agua), poliuria (aumento de la eliminación de orina), y polifagia (aumento de la ingestión de comida). El menor uso de la glucosa para obtener energía, dependiente de la insulina, va a provocar un mayor metabolismo de las proteínas, con pérdida de peso, y aumento en la movilización de las grasas.
Dado que es una enfermedad que se da con más frecuencia en hembras, es importante apuntar que, las afectadas deberían ser esterilizadas una vez que la diabetes está controlada con los tratamientos oportunos, ya que la progesterona descargada durante el diestro dificulta el manejo de la enfermedad.
Para el tratamiento de esta enfermedad en el perro, se hace necesario el uso de insulina, y de dietas adecuadas, en función del peso que tenga el animal cuando presente el problema, ya que muchos suelen ser obesos.

Entre los trastornos que con relativa frecuencia nos podemos encontrar en los perros machos de cierta edad, están los que afectan a la próstata. Así, podemos hablar de HIPERPLASIA PROSTÁTICA BENIGNA, PROSTATITIS/ABSCESO PROSTÁTICO, QUISTES PROSTÁTICOS, Y NEOPLASIAS PROSTÁTICAS.
La hiperplasia (aumento de tamaño) es un fenómeno provocado por alteraciones hormonales, con aumento de la relación estrógeno:andrógeno intraprostático asociado con la edad. Las manifestaciones clínicas de esta patología son mínimos o están ausentes, salvo que, se produzca una infección ascendente desde el tracto urinario con el posterior desarrollo de una prostatitis bacteriana.
La prostatitis es la inflamación de la próstata, que se puede presentar en asociación con una infección bacteriana, de curso agudo o crónico, y que puede evolucionar o progresar hasta provocar un absceso prostático.
Los quistes pueden ser primarios o secundarios a hiperplasia, neoplasia o inflamación. La presencia de mútiples quistes, suele estar asociada a una prostatitis previa.
La neoplasia más frecuente es el adenocarcinoma prostático, y su incidencia es similar en perros castrados que en perros enteros. El gran problema de este tipo de tumores, es que, en un tercio de los casos, se van a presentar metástasis óseas, en la columna lumbo sacra o en la pelvis.
Los perros afectados por alguna de estas patologías, pueden presentar una sintomatología muy variada: tenesmo, constipación, descarga uretral hemorrágica, disuria, estranguria, hematuria, vómitos, letargia, inapetencia, pérdida de peso, descarga uretral purulenta, piuria, infertilidad, marcha rígida, infección urinaria recurrente o crónica, y en caso de tumores, emaciación, disquesia, alteración locomotora del tercio posterior, dolor lumbosacro…
Como es evidente, los tratamientos estarán en función de la alteración prostática que presente el perro. En los casos de hiperplasia lo recomendable será la castración, aunque hay alternativas para perros con un alto valor reproductivo. En el caso de prostatitis aguda, se recomienda el uso de antibióticos, y en la crónica, en muchas ocasiones, si ésta medicación no funciona, o se hace recidivante, la castración. En caso de quistes, la castración también está indicada, mientras que en las neoplasias, se impondrá el uso de quimioterapia, y la extirpación de la próstata, aunque en muchas ocasiones, cuando se hace el diagnostico, ya hay metástasis.

Para terminar, haremos referencia a una de la alteraciones más frecuentes que nos encontramos en los perros, una vez que llegan o están próximos a la vejez. La edad promedio de aparición son los 8 años. Más que una enfermedad en si, se trata de una condición que se da a nivel renal, y que es conocida como Insuficiencia Renal crónica. La falla renal crónica, se debe a una enfermedad renal primaria que ha persistido durante meses o años. Esta caracterizada por la disfunción irreversible del riñón que ha sufrido un deterioro progresivo. La reducción mayor del 75% de la masa renal funcional redunda en el deterioro de la capacidad de concentrar orina (que conduce a la poliuria y polidipsia), con retención de residuos que deberían ser eliminados a través de la orina. Esta circunstancia va a provocar un aumento de la urea en la sangre (uremia). Habrá una menor producción de eritropoyetina, y de calcitriol.
Los síntomas estarán en función del grado de deterioro renal: poliuria, polidipsia, nicturia, vómito, constipación, diarrea, ceguera aguda por hipertensión, convulsiones o coma (tardío), deshidratación, mucosas pálidas por anemia, ulceración bucal, aliento con olor urémico…
En un análisis de sangre, además de anemia y de elevación de la urea, nos vamos a encontrar con que la creatinina está por encima de su valor normal, y es éste el parámetro que nos servirá principalmente para hacer el pronóstico.
Si el fallo renal es compensado, el tratamiento podrá ser ambulatorio, y en caso contrario, el perro deberá ser internado durante unas horas, varios días, para recibir los cuidados pertinentes.
El diagnóstico precoz de esta patología es de suma importancia, por lo que es recomendable que cualquier perro, a partir de los 8 años, sea chequeado con cierta frecuencia, y que acudáis al veterinario en cuanto observéis cualquier cambio en cuanto a la ingestión o eliminación de orina. Del mismo, aprovechad las visitas de rutina, para pedir consejo a vuestro veterinario, que deberá hacer una revisión completa de todos los sistemas orgánicos con el objeto de asegurarse que todo marcha bien.
Es importante que sepáis que a partir de determinadas edades es básico el cambio de alimentación, para lo que tenemos excelentes dietas en el mercado veterinario.

tabla-de-edad-del-perro

Dr. José Enrique Zaldívar Laguía.
Dra. Lina Sáez de Antoni.

Clínica Veterinaria Colores.
Paseo Santa María de la Cabeza 68 A.
Madrid-28045.

Información

Esta entrada fue publicada el 23 diciembre, 2015 por en Divulgación.

Entradas recientes

Archivos

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguirnos y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

Síguenos en Twitter

horario e información

914730359 - 671865645
Lunes a Viernes
mañanas: 10:30-14:00 h
Tardes : 17:00 - 20:00 h
Sábados :
11:00 - 13:30 h
A %d blogueros les gusta esto: