Clinica Veterinaria Colores

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Enfermedades del Intestino Delgado

El intestino delgado (ID) debe ser capaz de realizar las funciones digestivas y de absorción a la vez que protege al organismo de una multitud de amenazas ambientales. Por tanto, es el órgano inmunológico más extenso y complejo del organismo.
La diarrea, es un aumento significativo de la frecuencia, fluidez o volumen de las heces, es el signo principal del mal funcionamiento del ID. Sin embargo también puede ser una manifestación de una enfermedad de otro parte del aparato digestivo o incluso de otros sístemas orgánicos. Además la diarrea no está presente en todos los casos de enfermedad del ID y muchos otros signos de trastornos del ID son inespecíficos y pueden pasarse por alto.

El intestino delgado discurre desde el píloro en el estómago hasta la válvula ileocólica. Anatómicamente, se divide en tres segmentos: duodeno, yeyuno e ileón.

La diarrea es un aumento de la masa fecal causada por un incremento de la cantidad de agua en las heces o del contenido sólido. Se acompaña de un aumento de la frecuencia o la fluidez o el volumen de las heces. Es importante que sepáis que la ausencia de diarrea no excluye la posibilidad de que exista una enfermedad importante en el ID.
Podemos clasificar a las diarreas en función de lo que las produce en diarrea osmótica, diarrea secretora, y diarrea por permeabilidad (exudativa). Cuando escuchéis a vuestro veterinario utilizar el término malabsorción ante la diarrea que presenta vuestro perro, se estará refiriendo al fracaso primario en la absorción de alimentos, y cuando hable de maladigestión se estará refiriendo al fracaso primario en la digestión de los mismos. Digamos que esta clasificación es un poco confusa, ya que un fracaso en la absorción es sin duda consecuencia de un fracaso en la digestión. Por tanto es mejor hablar en general de malabsorción para describir los defectos en la absorción de los componentes de la dieta que se deben a una interferencia en las fases de absorción o de digestión. Las manifestaciones clínicas de un perro afectado de malabsorción serán, diarrea, pérdida de peso y alteración del apetito (coprofagía, polifagía, y pica). Los animales afectados suelen estar sanos y tienen más apetito, salvo que haya una enfermedad neoplásica o inflamatoria grave subyacente. El paciente sólo enferma si está muy desnutrido o se desarrolla hipoproteinemia.

La presencia de sangre oscura, alquitranada y oxidada en las heces, recibe el nombre de melena.
Los borborigmos son los ruidos que se producen por la propulsión de gas a través del intestino, y la fermentación bacteriana de este gas, recibe el nombre de flatulencia.

ENTEROPATÍA POR PÉRDIDA DE PROTEINAS (EPP)

Se va a presentar cuando la enfermedad es lo suficientemente grave para producir hipoproteinemia (disminución de proteínas en sangre). Establecer la causa de este problema suele requerir la realización de una biopsia intestinal.
Los síntomas de un perro afectado por EPP suelen ser bastante manifiestos e incluyen diarrea, adelgazamiento, vómitos, edema, ascitis y derrame pleural. La pérdida de peso es el signo que se observa con mayor frecuencia, y curiosamente, la diarrea no siempre está presente.
Un análisis de sangre descubrirá la disminución de los valores de albúmina y globulinas. En ocasiones nos encontraremos también con disminución del colesterol, del calcio, del magnesio, y de linfocitos.
En estos casos es sumamente importante descartar la presencia de alteraciones hepáticas o renales que fueran las causantes de la hipoalbuminemia, mediante las pruebas diagnósticas pertinentes. En el primer caso por alteraciones de los valores de ácidos biliares en sangre, y en el segundo por la pérdida de proteínas en la orina.
Las ecografías suelen mostrar en los perros afectados por EPP, engrosamiento del intestino y de los gánglios linfáticos de la zona. Las radiografías no suelen mostrar nada relevante.
La mayoría de los casos de diarrea son agudos, no mortales y autolimitados, y sólo necesitan de un apoyo sintomático sin un diagnóstico definitivo. Sin embargo, es conveniente haceros saber que algunos casos son potencialmente mortales, pueden ser contagiosos para otros animales o pueden tener un riesgo potencial de zoonosis para las personas. Evidentemente, esto no significa que si lleváis a vuestro perro a una clínica por tener diarrea, esté justificado hacerle radiografías, análisis de sangre, ecografías, electrocardiograma, e incluso la hospitalización. Todas estas pruebas irán en proporción a los síntomas que presente el perro, y especialmente a la duración de los mismos.
En algunas ocasiones, los perros afectados van a necesitar rehidatración. Las pruebas a las que deberá ser sometido vuestro perro, en caso de que el problema no se resuelva en un corto espacio de tiempo, nos van a permitir saber si el problema se encuentra en ID o en IG, y descartar enfermedades extraintestinales.
En primer lugar será conveniente la realización de análisis de heces, que comprenderán una determinación de la digestión (nos permitirá saber si hay sangre aunque no se vea a simple vista), un parasitológico, y en ocasiones un cultivo bacteriológico.
Será importante la realización de análisis de orina, y de sangre, que deberá incluir una prueba denominada inmunorreactividad de la tripsina sérica (TLI), y que nos permitirá descartar la presencia de una insuficiencia pancreática exocrina, cuyos signos son muy parecidos a los que presenta un perro con enfermedades del ID.

Son muchas las enfermedades que pueden provocar diarrea de ID, y muchas las causas que pueden dar lugar a ellas.

Entre los agentes víricos, debo nombrar el parvovirus canino, y el coronavirus canino. Son de sobra conocidos por todos vosotros así que, no me extenderé mucho en mis comentarios sobre ellos.

Parvovirus canino de tipo 2 (CPV-2)

Es una causa muy contagiosa de enteritis aguda que surgió a finales de los años 70. Los perros afectados van a liberar grandes cantidades de partículas virales en las heces durante 8 a 10 días, y lo que es aún peor, es que el virus puede permanecer activo en el ambiente durante meses. La infección se adquiere a través de la vía oral-fecal y se da más en verano.
Los perros enferman a los 4 a 7 días de adquirir la infección, y manifiestan anorexia, depresión profunda, fiebre, vómitos, diarrea (que suele ser profusa y hemorrágica) y deshidratación.
Puede afectar a perros de cualquier edad, pero es mucho más frecuente entre el destete y los 6 meses de vida. Los cachorros de menos de 6 semanas suelen estar protegidos por los anticuerpos maternales, de ahí la inutilidad de vacunar antes de esta edad.
El hacinamiento, el parasitismo intestinal, la infección coexistente con el virus del moquillo, coronavirus, Giardia, Salmonella o Campylobacter pueden aumentar la gravedad de la infección.
Los cachorros que se infectan en el útero materno o poco después del nacimiento pueden desarrollar miocarditis y morir de repente o desarrollar miocardiopatías si no tienen anticuerpos maternales. Actualmente es raro que se produzca esta situación porque, debido al uso generalizado de las vacunas y el grado de infección, quedan pocas hembras seronegativas.
Debemos sospechar de parvovirus en cualquier cachorro que presente los síntomas descritos anteriormente, y cuyo hemograma arroje cifras muy bajas de glóbulos blancos (500-2000 leucocitos por microlitro). Los neutrofilos y los linfocitos estarán muy por debajo de sus valores normales.
El diagnóstico definitivo se puede hacer con un test ELISA de las heces. La determinación de anticuerpos anti virus del parvovirus, sólo será útil en perros que no hayan sido vacunados.
En la actualidad, la mayoría de los perros con parvovirus sale adelante si se trata adecuadamente, y las infecciones secundarias y la endotoxemia pueden ser controladas. Es sumamente importante instaurar los tratamientos lo más precozmente posible.
La prevención es el mejor remedio y se consigue a través de las vacunas, empezando con una primera dosis entre las 6 y 8 semanas de vida, y repitiendo cuando el cachorro haya cumplido las 12 semanas de vida. La desinfección del medio con hipoclorito sódico en dilución 1:32, debe ser realizada en los lugares cerrados en que un perro haya estado enfermo.
El coronavirus canino (CVC) puede causar diarrea de gravedad variable en los perros. Se trasmite por vía fecal-oral, tiene un periodo de incubación de 1-4 días, y los perros infectados pueden liberar el virus de forma intermitente durante varios meses tras la curación.
Probablemente, la mayoría de las infecciones por coronavirus sean subclínicas, aunque puede producirse enteritis grave en las poblaciones densas o si hay infecciones simultáneas. En estas situaciones, la vacunación puede ser útil.

Las enteritis bacterianas

son la causa de la mayoría de las diarreas agudas en los perros, aunque estos gérmenes pueden ser aislados también en perros sanos, y en perros con diarreas crónicas. La incidencia es mayor en animales jóvenes, en los que están en perreras y en los pacientes inmunodeprimidos. Aunque estos organismos (Campylobacter, Escherichia coli, clostridium, Salmonella, Shigella, y Yersinia enterocolítica) pueden representar riesgo zoonósico, el hecho de intentar erradicarlos con antibióticos puede ser inútil e innecesario e incluso puede inducir un estado de portador.

Las infestaciones por parásitos intestinales (helmintos)

Son bastante comunes en los perros. Entre los más frecuentes e importantes están los nematodos del género Ascaris (Toxacara canis y Toxascaris leonina).
El T. canis se puede transmitir a través de la placenta y de la leche materna. La infección también puede estar causada por la ingestión de huevos. Los parásitos adultos viven en el ID. El toxacara canis juvenil, puede causar lesiones hepáticas, pulmonares, y en ocasiones oculares. Representa además un problema de salud pública (larva migratoria visceral y ocular).
Los perros parasitados suelen tener diarreas, pérdida de peso, y retraso en el crecimiento. Si la infestación es muy grande, pueden llegar a morir.
Es imprescindible la desparasitación de los cachorros de forma habitual a las 2, 4, 6, 8, 12, y 16 semanas de edad, y después a intervalos como mínimo de 3 meses. También es importante la desparasitación de las hembras preñadas y después del parto.
Otro parásito que puede causar problemas digestivos en el perro es el Ancylostoma caninum, capaz de provocar una anemia rápida en cachorros, que en ocasiones hará necesario el uso de transfusiones de sangre, y en otras provocará la muerte.

Entre las tenias la que con más frecuencia nos encontramos en los perros, es el Dipylidium caninum. Las pulgas son los huéspedes intermediarios. Echinococcus granulosus es una tenia que utiliza a los perros como huéspedes definitivos, pero los seres humanos y las ovejas son sus huéspedes intermediarios. La infección en el perro se asocia a adelgazamiento, y es una zoonosis muy grave e importante. Es por esto sumamente importante desparasitar a los perros adultos como mínimo cuatro veces al año.

Entre los protozoos que pueden causar diarreas de ID, los más importantes y habituales son los coccidios, y en concreto los del género Isospora (Isospora canis). Los cachorros que se mantienen en condiciones antihigiénicas o animales inmunodeprimidos pueden desarrollar infestaciones intensas, que en muchas ocasiones se asocian a diarreas mucosas y a veces sanguinolenta.
La giardia es otro de los parásitos intestinales que pueden afectar al perro. La prevalencia de la enfermedad en los estudios que hay al respecto varía de menos del 2% al 100% de las perreras. El parásito normalmente se transmite por vía fecal-oral. El parásito podrá ser detectado en las heces 1 o 2 semanas después de la infección. Debéis saber que los estudios realizados indican que la giardiasis puede ser una zoonosis.

La mayoría de las infecciones no se asocian a signos clínicos, que podrán variar desde una diarrea aguda, leve y autolimitada a una diarrea de intestino delgado grave o crónica asociada a pérdida intestinal de proteínas y pérdida de peso.
El diagnóstico se podrá hacer por un análisis de heces (preferiblemente con tres muestras de heces de diferentes días) o bien por la detección de de antígenos de Giardia realizando un ELISA que detectará la presencia de antígenos.
Sobre los tratamientos a utilizar, será vuestro veterinario el que lo determine, pero me parece importante que sepáis que se recomienda desinfectar la capa de pelo del paciente con baños y el lugar donde vive limpiando con vapor o con un compuesto de amonio cuaternario para prevenir las reinfecciones. La vacuna contra Giardia, que se ha mostrado eficaz para eliminar la infección en perros que no responden al tratamiento standar con fármacos, no está disponible en España.
El pronóstico es bueno, pero algunos pacientes pueden necesitar varios tratamientos para eliminar la infección, ya que la reinfección es un problema importante.

Uno de los problemas que nos encontramos en las clínicas con relativa frecuencia y que provocan diarreas de ID, es lo que se conoce con el nombre de “reacciones adversas a los alimentos”. Una reacción de este tipo es una respuesta desagradable, que se puede repetir, a un componente de la dieta y que es una manifestación de una reacción inmunológica a un componente de la dieta (es decir, una verdadera alergia alimentaria) o una reacción no inmunológica (es decir, una intolerancia). En cualquier caso, los síntomas y los tratamientos son idénticos en ambos casos.
La hipersensibilidad o alergia alimentaria es difícil de cuantificar, ya que realmente no hay pruebas diagnósticas fiables. Además la alergia alimentaria con signos digestivos puede ser más difícil de demostrar que los casos en que prevalecen los signos dermatológicos. Esto se debe en parte a que otras enfermedades digestivas también pueden responder (por razones no alérgicas) a la manipulación de la dieta. El tratamiento de la alergia alimentaria es simple: si se alimenta con cualquier comida que no contenga el alérgeno, el animal no tendrá síntomas adversos.

En ocasiones la alergia al alimento se manifestará de forma inmediata a la ingestión de la comida que contiene el componente que causa el problema, con lo que el diagnóstico será más fácil, pero en otras habrá un retraso entre ingestión y síntoma, por lo que establecer la causa-efecto, será sumamente complicado.
Lo que si es cierto, es que los perros que manifiestan alergia alimentaria, suelen tener síntomas digestivos y problemas de piel (picor a nivel de dedos, cara, y otitis externa), con infecciones secundarias.
Dadas las dificultades de ensayos con cambios de dieta, se han ideado pruebas indirectas para la alergia alimentaria; desgraciadamente, aunque en mi experiencia personal las considero bastante útiles, ninguna es fiable en medicina veterinaria.
Podemos decir por tanto, que el ensayo dietético es la única forma fiable de confirmar la existencia de sensibilidad a la dieta, aunque estos ensayos no diferencian la intolerancia de la alergia.

Para terminar el artículo nombraremos un par de problemas más que pueden provocar trastornos digestivos a nivel de ID, y que son el “sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado” (SBID), también llamado “diarrea que responde a los antibióticos”, y la “enfermedad intestinal inflamatoria”.

Como todos sabéis son numerosas las bacterias que en condiciones normales se encuentran en el aparato digestivo, y que cumplen su función. Pues bien, cuando los mecanismos que regulan su población fracasan, se producirá la proliferación descontrolada de ellas. Podemos decir que se trata por tanto más de una manifestación clínica de enfermedad digestiva que de una enfermedad en sí. Los perros en los que se presenta este problema, suelen tener diarrea crónica intermitente acompañada de pérdida de peso o retraso en el crecimiento. La diarrea suele ser acuosa y hay producción excesiva de gas que se manifiesta por borborigmos y flatulencia. Sin embargo, a veces se observan vómitos y signos de colitis. Los perros suelen tener el apetito aumentado, y presentan coprofagia y pica. Se espera una respuesta positiva a los antibióticos (oxitetraciclina, metronidazol, tilosina) y el estado clínico suele empeorar si se dan corticoesteroides.

La enfermedad intestinal inflamatoria

Es un término colectivo que describe un grupo de trastornos que se caracterizan por signos digestivos persistentes o recurrentes y datos histológicos de inflamación intestinal tras las biopsias oportunas. La enfermedad tiene un cierto parecido con la enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa de los humanos. Podemos decir que la causa de esta enfermedad en el perro es desconocida, y por eso se la califica de idiopática, aunque hay muchas enfermedades que se asocian a inflamación intestinal crónica.
Se trata de una enfermedad diagnosticada en exceso, y se da con más frecuencia en perros de mediana edad.
El vómito y la diarrea son los signos más habituales, aunque en los casos graves se observará pérdida de peso, ascitis e hipoproteinemia, y sangre en el vómito y en las heces. Es probable que se trate de una patología con origen genético, ya que al parecer puede existir un problema de tolerancia inmunológica a determinados componentes de la dieta, y a las mismas bacterias presentes en el aparato digestivo.

El tratamiento de la enfermedad incluirá la modificación de la dieta, y el uso de antimicrobianos e inmunosupresores.

Existen numerosos orígenes que pueden tener los problemas digestivos que afectan a vuestros perros, y que no siempre tienen un diagnóstico sencillo. Esperamos que os haya quedado claro, que muchos de ellos vienen derivados por la ingestión de alimentos que producen intolerancias, y alergias en vuestros perros. Sois muchos, todavía, los que tenéis la mala costumbre de “adornar” los piensos de vuestra mascota con alguna “cosita”, o incluso de darle la “cosita” sin mezclar con su pienso, sin daros cuenta de que mínimas cantidades de ellas pueden provocar serios problemas digestivos. De nada valdrá que vuestro veterinario se afane en hacer un buen diagnóstico y os prescriba excelentes y caras dietas para tratar la enfermedad de vuestro perro, si las “cositas” siguen formando parte de su dieta. La curación o desaparición de los vómitos y diarreas en vuestro perro, es, a veces, más trabajo vuestro que nuestro.

Dr. José Enrique Zaldívar Laguía.
Dra. Lina Sáez de Antoni.

Clínica Veterinaria Colores.
Paseo Santa María de la Cabeza 68 A.
Madrid-28045.

Información

Esta entrada fue publicada en 18 diciembre, 2015 por en Digestivo y etiquetada con , .

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