Clinica Veterinaria Colores

Paseo de Santa María de la Cabeza, 68A – 914 730 359 28045-Madrid

Problemas de conducta en el perro viejo

Afortunadamente nuestros perros cada día viven más. Para los veterinarios que llevamos muchos años ejerciendo nuestra profesión esto supone, además de una alegría, un gran reto. La medicina veterinaria ha evolucionado en función de este largo envejecimiento de nuestros compañeros, en especial en el campo de la nutrición y en los estudios sobre el comportamiento.

Ahora no es raro ver en nuestras clínicas caniches de 16 años o pastores alemanes de 13 años a los que tenemos que ayudar a sobrellevar sus «achaques».

Lo primero que los veterinarios tenemos que hacer cuando aparece algún  problema de este tipo es determinar la causa del mismo e instaurar el tratamiento adecuado, sin olvidar las limitaciones que nos impone el proceso del envejecimiento. En los estudios realizados al respecto, la ansiedad por separación fue el principal problema detectado en perros de más de nueve años. Otras patologías frecuentes fueron la agresividad, las fobias y miedos, la eliminación inadecuada, el sueño irregular y la inquietud durante la noche.

En la vejez, son mucho más frecuentes los problemas que denominamos como alteraciones cognitivas, es decir que afectan a las cosas aprendidas.

Son disfunciones que muchas veces no ponéis en conocimiento del veterinario pensando que son intratables y debidas al envejecimiento. Os diré que en ocasiones las podremos resolver y, en otras tan solo paliarlas, pero todo resultará en una mejor calidad de vida para vuestro perro y para vosotros. Algunos de estos problemas incluyen un menor interés por la comida, eliminación en casa, incontinencia, menor capacidad para recibir ordenes, apatía generalizada, debilidad, desorientación, alteración del ciclo del sueño-vigilia, comportamientos repetitivos y compulsivos, ladridos, menor tolerancia a quedarse solos, temblores.

Está claro que la media de vida de las razas medianas y grandes es mucho más breve que la de las pequeñas, por lo que la aparición de problemas físicos y de conductas extrañas relacionadas con el envejecimiento será más temprana en los primeros. A modo de ejemplo, os diré que un perro de entre uno y nueve kilos, con diez años tendrá como 56 de una persona, si pesa entre nueve y 22 kilos tendrá como 60 y si pesa entre 22 y 40 kilos tendrá como 66. La progresión a partir de este momento será de seis años humanos por cada uno de vuestro perro.

Las enfermedades de huesos y articulaciones, de los órganos de los sentidos, del sistema hormonal y del urinario podrían tener un componente genético que podría empezar a manifestarse en estas edades en determinadas razas.

Los cambios en el entorno del animal pueden ser la causa o contribuir a las alteraciones del comportamiento y a la aparición de problemas de conducta.

Cambios como nuevos miembros en el domicilio o mudanzas pueden ser más impactantes para un perro mayor.

El envejecimiento se asocia a alteraciones progresivas e irreversibles de todos los sistemas orgánicos. Raramente veremos a nuestro compañero afectado por una sola enfermedad, sino más bien por grados variables de alteraciones orgánicas. El declive y el desgaste de los órganos, los tumores, las afecciones degenerativas, las enfermedades inmunitarias, el deterioro neurológico, el declive cognitivo y las alteraciones hormonales pueden tener importantes efectos sobre el sistema nervioso central y, en consecuencia, sobre la conducta del perro.

Cualquier afección asociada a dolor o malestar, puede ser la causa de mayor irritabilidad, ansiedad o miedo a ser manejado, o a que alguien se acerque y, a la postre, del aumento de reacciones de agresividad. Si estas conductas le sirven al perro para rechazar la amenaza, su conducta se vera reforzada. Si la movilidad está afectada (problemas articulares, perdida de visión…) el animal optará por amenazar o morder en vez de huir.

La menor movilidad puede afectar también a la eliminación (micción, defecación), al reducir las ganas del perro de trasladarse de área. La disfunción sensorial también puede acarrear problemas de conducta. Los perros con menor capacidad visual o auditiva pueden tener menor capacidad de detectar o identificar estímulos y ser menos sensibles o más reactivos cuando terminan por detectarlos. La agresividad, los miedos y las fobias que aparecen en el perro viejo podrían por tanto deberse, al menos en parte, al deterioro sensorial o a la menor reactividad a los estímulos externos.

Consideramos que un perro tiene déficit cognitivo cuando presenta uno o más de los siguientes signos: menor reacción a estímulos, confusión, desorientación, menor interacción con el propietario, mayor irritabilidad, lentitud en obedecer ordenes, alteraciones del sueño y problemas para realizar cosas previamente aprendidas. Si alguna de estas «malas» conductas llega a ser exagerada podremos hablar de demencia.

Para que se manifieste un determinado comportamiento (por ejemplo agresión), quizá sean necesarios un cierto número de estímulos y no uno solo. Los perros que tienen miedo a los niños podrán mostrarse más irritados o agresivos hacia ellos a medida que aumente su malestar por una enfermedad dental o por una reducción de su movilidad.

Ante un problema de conducta en un perro mayor es indispensable realizar una exploración neurológica y una evaluación sensorial, así como un completo análisis de sangre que incluya pruebas hormonales. Una vez establecido el diagnóstico y determinada la causa del problema  podremos intentar modificar el comportamiento y el entorno y aplicar las medidas terapéuticas oportunas mediante fármacos para solucionar la conducta indeseable.

No debemos olvidar que, desgraciadamente, las afecciones médicas de tipo degenerativo que suelen presentar estos animales es posible que nos hagan restringir o limitar estos programas terapéuticos.

Además, al estar limitadas casi siempre las reacciones a los estímulos y el estado físico deteriorado, los resultados no siempre serán los esperados. Esto también influirá en el uso de los fármacos para modificar el comportamiento, ya que las contraindicaciones y los posibles efectos secundarios pueden impedirnos el empleo de las dosis óptimas o más adecuadas del medicamento elegido.

Si nos referimos al problema de la agresividad por dominancia, debemos tener en cuenta que se suele presentar entre los dos a tres años de edad y que por tanto su aparición en perros mayores será poco frecuente. Aun así, cualquier cambio importante en el entorno, unido a las deficiencias sensoriales y al desarrollo de afecciones dolorosas, pueden desencadenarla. No debemos, de todas formas, reducir el problema al dolor, ya que muchas enfermedades que afectan al sistema nervioso central de forma directa (tumores) o indirecta (alteraciones hormonales, hepáticas o renales), pueden ser causas que contribuyan al aumento de este tipo de agresividad. La reducción de la capacidad cognitiva también podría ser un factor precipitante. La agresividad con otros perros suele presentarse cuando el animal alcanza la madurez, pero el deterioro físico de un perro dominante puede agravar este problema. A medida que el perro envejece se encuentra más incómodo, más irritable y más sedentario, pudiendo atacar a cachorros deseosos de jugar.

Este puede ser un gran problema si decidimos introducir un nuevo compañero en casa.

La eliminación inadecuada implica descartar numerosas patologías, que podrían producir un aumento del volumen de heces (mala absorción, dietas ricas en fibra), un aumento de la frecuencia de eliminación (colitis, diarrea), las que dificultan la defecación o la hacen dolorosa (colitis, saculitis anal, artritis) y los problemas que podrían afectar al control, como enfermedades neuromusculares. En cuanto a la micción, cualquier patología que provoque una mayor ingestión de agua (diabetes, insuficiencia renal)

Cuando el perroenvejece éste se encuentra más incómodo, irritable y más sedentario.

El tratamiento de este problema implica un programa de readiestramiento , pero  prestando especial atención a las capacidades y limitaciones de los animales de edad y, claro está, al tratamiento de las enfermedades nombradas, si es que estuvieran presentes. La existencia de tumores testiculares productores de testosterona que pudieran ser responsables de este problema implicaría la castración quirúrgica.

Tampoco es infrecuente la incontinencia urinaria en perras y perros castrados por déficit hormonal o por incompetencia del esfínter de la vejiga.

La vocalización o ladrido excesivo suele estar provocada por ansiedad por separación. No obstante, algunos perros mayores empiezan a ladrar sin razón aparente.

No siempre es posible determinar si este aumento de vocalización se debe al deterioro sensorial (auditivo, visual), a afecciones del sistema nervioso central o a enfermedades que potencian el malestar. Se ha sugerido que podría constituir una autoestimación como compensación a la nula o mínima estimulación ambiental. Actualmente existen numerosos sistemas antiladridos que son bastante eficaces.

Las fobias a los ruidos suelen deberse al deterioro sensorial, déficit cognitiva y otros efectos del envejecimiento sobre el cerebro. Con el tiempo, la pérdida de oído, si llega a presentarse, ayudará a mejorar este problema. Es importante intentar localizar e identificar los estímulos que provocan estas reacciones para evitarlos o minimizarlos. No debemos gratificar al perro ni castigarle durante estos episodios. Deberíamos procurar habituarle a ellos mediante el uso de fármacos o exponiéndole a lo que le  produce el miedo con gradientes de intensidad admisibles para el animal.

Los perros inquietos o que no duermen toda la noche pueden encontrarse afectados por alteraciones sensoriales o por problemas relacionados con la micción o el dolor. Es importante no gratificar al perro ni prestarle atención cuando se despierta.

En ocasiones esto será difícil si la causa de esta inquietud es por un trastorno que le provoca ganas de orinar o defecar. En estos casos no estaría de más adaptar una zona de la casa para las eliminaciones nocturnas.

En la ansiedad por separación, el perro se mostrará excesivamente nervioso cuando el propietario se apresta a salir, se mostrará destructivo, ladrará, babeará profusamente o eliminará en la casa cuando su dueño no esté. La vejez implica mayor sensibilidad a las modificaciones de la rutina o del entorno. Si a esto le añadimos la presencia de alguna enfermedad que afecte a las funciones fisiológicas, el problema se verá agravado.

Las modificaciones que debemos realizar serán las mismas que utilizamos para estos casos en animales jóvenes. La farmacoterapia puede ser útil, en especial en las primeras semanas del readiestramiento.

Hasta aquí mi repaso a los trastornos de conducta que pueden presentarse en nuestro «viejo» compañero.

Existen muchas pautas para intentar reconducir estos«malos» comportamientos y un limitado número de medicamentos que pueden ser de utilidad.

Deberá ser vuestro veterinario el que, una vez realizados los estudios oportunos, establezca los tratamientos adecuados para ayudar a vuestro perro a tener una mejor calidad de vida en ese crítico período de su vida.

Mi consejo es que a partir de los ocho o nueve años de edad, no olvidéis llevar a vuestro perro a la clínica para someterle a un chequeo completo. El diagnóstico precoz de las enfermedades relacionadas con el envejecimiento os permitirá disfrutar por más tiempo de vuestro inseparable admirador.

Dr. José Enrique Zaldívar Laguía.

Dra. Lina Sáez de Antoni.

Clínica Veterinaria Colores.

Paseo Santa María de la Cabeza 68 A.

Madrid-28045.

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Esta entrada fue publicada el 15 diciembre, 2015 por en Comportamiento.

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